La crisis mundial de alimentos: una oportunidad para los países pobres
En el artículo anterior observábamos las causas estructurales de la crisis mundial de alimentos que escapan al control de los pequeños y medianos productores del mundo y América Latina. Dicha crisis debe ser aprovechada por los países pobres del mundo, en especial por los de América Latina que constituye una región exportadora de bienes agrícolas, en especial los llamados comoditties en el mercado internacional. Cabe destacar que esta producción de bienes agrícolas ha estado signada por el monocultivo comercial para la exportación, dejando a un lado los temas de seguridad alimentaria local desempeñado por la agricultura no comercial o agricultura de pequeña y mediana escala.
La agricultura comercial tiene actores perfectamente definidos, los grandes productores que aplican tecnologías de punta desarrolladas por empresas transnacionales como Monsanto, Cargill, entre otras, aunado a aumentos de la frontera agrícola para optimizar rendimientos ya por si decrecientes producto de la pérdida del recurso suelo debido al uso intensivo de maquinaria y agroquímicos. Lo más paradójico del caso es que pequeños y medianos productores se ven obligados a seguir fielmente los modelos de producción de los grandes agros empresarios con sus semillas híbridas, intensividad en la preparación de tierras y paquete de agrotóxicos que viene acompañado junto a las semillas híbridas. De igual manera los Estados de muchos países fomentan el monocultivo agro exportador a través de sus políticas crediticias y de apoyo técnico.
Ahora si bien no es posible escapar a las causas globales de la crisis, es posible adaptarnos y vislumbrar un nuevo enfoque de hacer agricultura en nuestros países. La dificultad nuestra ha sido someternos históricamente a temas como subsidios que aplican los países ricos, a las tasas de interés, a la especulación financiera, precios altos del petróleo, entre otros que explican en gran medida los problemas de los grandes agroexportadores, y en menor medida de la agricultura de pequeña y mediana escala donde debemos hacer los mayores esfuerzos, debido en lo fundamental que en América Latina más de 13,5 millones de pequeños agricultores están insertos y representan el 78% del total de las unidades de producción de la región.
Polan Lacki, consultor de la FAO para América Latina durante muchos años ha tipificado los problemas que éstos enfrentan y los ha dividido en problemas externos e internos. La primera categoría refleja en gran medida las causas estructurales de la crisis anteriormente descritos, acompañadas en temas nacionales tales como: Ausencia de políticas agrícolas claras y estables, tierras insuficientes y de mala calidad, bajo acceso a recursos de capital, tecnologías agrícolas inadecuadas, insumos industrializados caros, bajo poder adquisitivo de los consumidores urbanos, la especulación, pago de deudas a organismos internacionales. Desgraciadamente, sus soluciones escapan a la gran mayoría de pequeños y medianos productores y, en muchos de los casos a los gobiernos de turno. En la segunda categoría se encuentran los problemas internos que no escapan al control de los campesinos productores, y ellas son: Falta conciencia y autoconfianza para vislumbrar soluciones en sus propias fincas, ausencia de capacitación para identificar las causas internas que originan sus problemas, y en gran medida dejan de hacer lo que pueden por intentar lo que no pueden, falta de entrenamiento para administrar sus fincas con eficiencia y finalmente no están organizados ni para acceder a insumos caros como para comercializar sus excedentes en forma más favorable.
De allí que a falta de soluciones externas, los pequeños y medianos productores deben optimizar los recursos internos de sus fincas y atacarlos. No obstante, para hacerlo es preciso que conozcan lo que ocurre en la cadena agroproductiva que los hace ineficientes. En primer lugar, durante la etapa anterior al proceso productivo como tal, adquieren la mayoría de los insumos a lo externo de sus predios, al por menor, con alto valor agregado y del último eslabón de la cadena. Un reflejo de lo anteriormente expuesto son los productores de maíz financiados por FONDAFA ahora FONDAS en la República Bolivariana de Venezuela. Sus productores adquieren semillas híbridas y su paquete de agroquímicos de las más importantes casas comerciales de Venezuela que están ligadas a las corporaciones mundiales de agrotóxicos, así mismo adquieren los fertilizantes nitrogenados de manera unipersonal en las agrotiendas dispuestos por el Estado en vez de hacerlo de manera conjunta por zonas agro ecológicas definidas.
En segundo lugar durante el proceso de producción como tal, por falta de conocimientos y de ausencia de tecnologías apropiadas, muchos productores subutilzan y mantienen ociosos gran parte de los factores de producción que poseen. La baja diversificación de sus fincas limita ocupaciones continuas de la obra familiar; vacas hambrientas que producen poca leche sin pastos adecuados o buena rotación de potreros, producen hechos como la importación de razas Girolando de Brasil hacia Venezuela y una vez entregadas a los productores mermaron los rendimientos, no por culpa de la vaca, sino del vaquero; el uso de semillas de baja calidad, con siembras a destiempo y densidad no adecuada, la carencia de prácticas de rotación de cultivos inoculados con leguminosas, así como el desperdicio del estiércol y rastrojos.
Un caso emblemático de lo anteriormente expuesto lo representan la mayoría de los productores de Café en el piedemonte Barinés, quienes desechan la pulpa de café hacia los quebradas y riachuelos, desperdician el estiércol de los animales de carga y desaprovechan las excretas del ganado bovino. De igual manera, acusan pérdidas por cosecha en cantidades no imaginadas.
En América Latina se pierde aproximadamente el 40% de la producción agrícola potencial en circunstancias que podrían ser recuperadas aplicando tecnologías de bajo costo que más adelante se mencionará. En definitiva, por falta de tecnologías adecuadas y de capacitación los productores gastan innecesariamente más de lo que debieran gastar y producen menos de lo que podrían producir.
En tercer lugar le corresponde al bajo valor agregado que se le brinda a la producción primaria, vendiendo sus cosechas al por mayor y al primer eslabón de la cadena de intermediación, es decir directamente en sus fincas. La falta de organización de los productores es la culpa de las distorsiones en este eslabón; no es la globalización, ni los altos precios del petróleo, ni mucho menos la especulación financiera que los precios del productor siempre estén bajos y los del consumidor altos.
De tal manera que nuestros pequeños y muchos medianos productores son ineficientes por que compran inadecuademante, producen mal, no saben administrar y venden mal y, consecuentemente sus costos de producción son elevados y de igual manera los precios de venta bajos. De allí que actuando sobre las causas internas del problema es posible incidir en lograr una agricultura rentable, eficiente y de armonía con el medio ambiente.
Para lograr tales efectos, en la próxima entrega les estaré disertando sobre las alternativas para el desarrollo de la agricultura a pequeña escala y tiene que ver con el fomento y apoyo de la agricultura familiar, la cual tiene que estar acompañado con el uso de tecnologías apropiadas, capacitación a todos los miembros de la familia rural y la organización de productores en agroempresas familiares y empresas de producción social campesina.
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